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Historial

Pie de imprenta

 

Fermata

Fermata
la detención del tiempo
la suspensión del instante
al final de un periodo
avasallador
ante el comienzo de algo nuevo
lleno de espectación

En contra de la tendencia dominante en el arte de representar el mundo de forma fragmentaria, autodestructora, compuesta de contradicciones e incompatibilidades, deslizandose a lo largo de la muerte, Katharina Gun Oehlert representa con esta obra un punto de vista positivo e integral de la vida y hace referencia a un nacimiento y crecimiento impetuosos, a la estabilidad, a la continuidad y a la esperanza.

28 cuerpos de mujeres embarazadas, torsos diferentes e individuales de tamaño natural, de yeso modelado sobre gasas, suspendidas en el espacio, representan una procesión llena de dinamismo y pujanza, configurando el signo mágico en forma de triángulo, que hace referencia, desde la antigüedad, a la mujer.

La conmoción que se sufre al observar la instalación se debe a la confrontación con los cuerpos de mujeres embarazadas, se debe a la violación de un tabú, ya que este cuerpo sigue comprendiendose hasta el día de hoy como un cuerpo no apto para ser expuesto al público, incluso a menudo como un cuerpo indecente y antiestético.

En lo referente a nuestras costumbres de observación es necesario corregir aquí algunas cosas. Su belleza se entremezcla con el prototipo de moda, rompe con la norma cultural y coloca en su lugar una estética arcáica que no corresponde con el ideal de belleza que promulga un cuerpo delgado, joven y por tanto "bello".

Los cuerpos de la serie de esculturas de Oehlert irradian madurez, fuerza, corpulencia. El crecimiento de las figuras ha llegado al punto de mayor tensión, la piel las envuelve como una membrana delicadísima. En ellas se adivina una vida que crece en el interior del cuerpo de la mujer y la tensión revela que quiere nacer pronto.
Cada cuerpo tiene una expresión propia, primitiva y sabia, que está muy alejada del aquí y ahora. 28 mujeres embarazadas son 28 individuos. Cada una de ellas impacta al observador por sí misma, cada cuerpo hace su propia declaración. Si uno le dedica su atención a la obra, diferencia lo guerrero, lo agresivo, lo delicado, lo introspectivo, lo maternal, lo maduro, lo esculptural, lo reposado, lo burlesco, lo alegre etc.

Hay algo que es transmitido con igual ímpetu a todos los observadores: Las esculturas están conformes con sigo mismas. De tal manera, con su conformidad y su naturalidad, la artista las puede colocar en forma de triángulo. Esta manera de ordenarlas está asociada directamente con la continuidad y la multiplicación de la vida a través del tiempo. El triángulo de cuerpos de mujer es un signo traspasable, tomado del presente, proveniente del pasado y que señala hacia el futuro.

El juego de números (los 28 cuerpos alineados en 7 filas) abarca tanto el ciclo lunar de la mujer como el antiguo número mágico, en cuyo ritmo, contado en años, el cuerpo cambia y las generaciones se reproducen infinitamente.

Para que el batallón de mujeres no resultara estático, para darle movimiento, dinamismo, fueron colgadas de alambres finos.

Todo el grupo está suspendido del techo y flota a una distancia de 120 a 180 centímetros sobre el suelo, ascendiendo suavemente de forma transversal, de atrás hacia delante y de 10 en 10 centímetros entre fila y fila. De esta manera, la artista acrecenta la expresión de dinamismo pujante. Cuando uno se sitúa frente a ellas queda fascinado de la visión imposible de detener e irresistible de esta falange de torsos femeninos.

Una capa de plumas, uniforme, de 10 cm de espesor y en forma de triángulo cubre el suelo debajo de las figuras. Esta capa hace referencia al lecho, a la esterilidad y a la suavidad. Es un elemento que amortigua y protege. Al mismo tiempo, las plumas blancas recogen en sí, como una sombra blanca, a los cuerpos pujantes, los tranquilizan, los sujetan fuertemente y visualizan de nuevo el orden elemental de toda la obra.

Con el título, Katharina Gun Oehlert facilita al observador la clave para comprender su obra: „Quise plasmar el instante en el complejo proceso del embarazo y congelar esta imagen, quise plasmar en la obra su presencia increíble, ese instante antes de que comience una nueva vida, en el que uno retiene la respiración ante el acontecimiento impactante, aún lleno de esperanza, a pesar del conocimiento secreto de todos los posibles peligros y males.“

Uno puede criticar o dejarse asombrar por la obra de Katharina Gun Oehlert. La indiferencia no es posible. Este grupo de esculpturas es una gran obra. Es fácil, enérgica e intensa. Pero sobre todo es, en lo referente a los elementos relacionados entre sí, ya sean elementos materiales o formales o composicionales, absolutamente rigurosa. La concordancia interna, la armonía apremiante de los torsos blancos, su orden evidente, la exactitud de las distancias entre los torsos y con el triangulo de plumas, el juego de luz sobre los cuerpos que establece una estructura propia entre ellos, el uso de escasos recursos en el proceso creacional, todo ello, y debido a su precisión, hace dudar a uno por un instante, si se puede dar crédito a lo que uno tiene delante.

El tema convence también por la falta absoluta de elementos estéticos-decorativos, no es moderno ni oportuno. Ningún otro criterio le da a la obra de Oehlert tanta graveda como el hecho de que no deriva de nada, no toma ningún pensamiento preexistente, ni en lo referente a la idea, ni a la forma, ni a la composición. La obra es única en su manera de ser. El motivo elemental, el vaciado en yeso de cuerpos humanos, le da a la obra su autonomía. Hasta ahora, la mujer embarazada no había sido estilizada nunca a un objeto de arte. Aquí ocurre por primera vez y de manera muy seria, elemental, significativa e inolvidable.

Rosmarie Kesselheim, 1999

. . .

 

Fermata da con la torre de agua


A 270 metros sobre la ciudad de Solingen están colgados del cielo los torsos die mujeres embarazadas.

Rodeados de la cúpula de cristal plisada de la antigua torre de agua de la ciudad de Gräfrath, que el arquitecto de luz Johannes Dinnebier reconstruyó y convirtió en un laboratorio de luz en el año 1998, el vuelo dinámico de las mujeres fuertes y pesadas parece querer traspasar la paredes transparentes de la torre.

En su formación triangular, solemne y rigurosa, alzan el vuelo 28 cuerpos de mujer macizos, cuyos vientres abovedados hasta el extremo dejan entrever la nueva vida que llevan dentro. Los cuerpos alzan el vuelo avanzando impetuosamente y reposando al mismo tiempo en sí mismos.

Colocados en linia ascendente, los vientres tirantes alineados en siete filas parecen querer traspasar la fuerza de la gravedad. En el suelo, bajo las esculturas, acogiendo la garbosa formación de torsos macizos, un triángulo de plumas de ganso blancas, suaves, que trémolan con cada soplo de aire, recuerda a la cama, al lugar de reposo.

La impresionante instalación de Katharina Gun Oehlert tiene una tremenda fuerza arcáica. Los vientres blancos de yeso y gasa - moldes que la artista tomó entre 1995 y 1999 de mujeres muy avanzadas en su embarazo - describen figuras delicadas, esbeltas, estatuarias, cuya individualidad queda reducida a un mínimo debido a la homogeneidad en el color del material y al hecho común de estar embarazadas. De tal modo pasan a ser una representación abasalladora del infinito circulo de la vida en sí.

FERMATA es el título que la artista ha dado al grupo de mujeres suspendidas en el aire que se encuentran en la última fase del embarazo. Con ello hace referencia a la detención del tiempo, al sustento del instante al final de una fase antes del comienzo de algo nuevo lleno de expectación de lo que le sigue.

El profundo simbolismo del grupo, cuyos número y agrupación hacen referencia a los 28 días del ciclo de la mujer y al número mágico 7, embelesa al expectador. La fuerza pujante de esta falange de una vida en constante renovación le roba a uno el aliento. Quien comprende la belleza arcaica de los cuerpos tersos queda sin habla.

El lugar de exposición, la torre, simboliza lo agresivo, lo masculino, que en este caso pasa a ser un refugio para los torsos embarazados: El cristal de la cúpula se convierte en una bóveda protectora y de apoyo transparente ante el exterior.

La armonía entre el recinto y la escultura, la cual la artista creó para su taller y no para la torre, es arrolladora.

Ingeborg Flagge

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