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Historial

Pie de imprenta

 

Los hilos de Ariadna

Ocho cuadros alargados están colgados uno junto al otro. Han sido creados de forma aislada. De miles de hilos de seda y cintas de papel, así como de una trama de hilo negro resultó, tras un trabajo constante durante semanas e incluso meses en el telar, cada uno de los cuadros. Ningún marco separa ahora los motivos. La composición, los colores y los motivos individuales se extienden hasta el cuadro vecino y unen de esta forma los ocho tapices en un conjunto global.

Esta serie de cuadros es comparable con obras que comprenden desde retablos hasta comics. Tras un trabajo de tres años, Katharina Oehlert ha creado un políptico que es único en su forma y contenido. Hilos y cintas de papel coloreadas cuentan la historia de la ciudad de Hilden. Este patrón temático es ya por sí solo un desafío. La gran cantidad de acontecimientos que se sucedieron a lo largo de mil años sobrepasan tanto la capacidad de memoria como la capacidad de plasmación en imágenes sucesivas. Incluso limitandose a lo esencial de la historia se pueden llenar facilmente estanterías enteras de libros.

Todo lo que sirve para ofrecer un retrato artístico-histórico de la historia de una ciudad con sus acontecimientos sintomáticos, programáticos y aislados no se puede tomar en este caso como modelo.

Situado frente a la sucesión de cuadros, el observador la recorre con la mirada y descubre un universo de objetos y símbolos individuales, y sólo después de un tiempo la impresión de plenitud cede a la impresión de calma subjacente en la composición.

Algunas formas de gran tamaño abarcan toda la composición y algunos pequeños detalles se encuentran prácticamente a lo largo de todos los cuadros. Los contrastes patentes pero suaves del coloreado, elemento básico de la serie de cuadros en su totalidad, no encubren nunca el verdadero carácter de la obra. El dibujo, generalizador por abstracto, concreta las formas sólo para hacerlas legibles.

En los dos primeros cuadros las superficies blancas, grises y ocres sirven de fondo para los objetos concretos. Pruebas del pasado – como el boceto de la fortificación llamada ”Rundling“, contornos de vidrios rotos y planos de la iglesia más antigua de Hilden – están situadas de manera aparentemente desordenada junto a la bella caligrafía de documentos de antaño. De izquierda a derecha, en la dirección de la lectura desfilan siluetas de cabezas redondeadas a modo de cráneos que imprimen movimiento, dirección, dinamismo y desarrollo. Es el comienzo de la historia. Con ello se ha establecido también el fundamento de una mitología que adquiere un carácter propio por medio de símbolos inventados ex-profeso o enajenados, en lugar de símbolos tradicionales. Los trazos que suben y bajan, al igual que la colocación de los colores claros y oscuros crean las claves para la luz y la oscuridad. Desde los cuadros poéticos de Paul Klee y desde la Documenta 5 el observador conoce ya este tipo de concentración de vivencias plasmadas en imágenes.

Los cuadros tercero y cuarto llaman la atención en primer lugar porque los tonos ocres de los dos primeros cuadros se transforman en tonos marrones y verdes, contrastando con motivos de color azul cobalto. Los grandes trazos de la composición continúan, de hecho se acumulan. Las cabezas a modo de cráneo aparecen primero al fondo a la izquierda, para luego elevarse hacia la derecha. Esta forma craneal la copia a su vez una cabeza de pez con labios azules a la izquierda, y la cara que sirve de fondo al pez es también una reproducción de una forma redonda que puede encontrarse algo más arriba en el segundo cuadro. Los elementos arquitectónicos proporcionan aquí una ilusión de profundidad.

Abajo se extiende una serie de textos semejantes a escrituras lapidarias y otra de instrumentos médicos. Estas dos series, con sus contornos intensamente negros y sombras grises, recuerdan por un lado a restos de fotocopias y por otro a ilustraciones de objetos científicos de libros pertenecientes, como muy tarde, al siglo XIX. Tanto la forma como el contenido son simbólicos. El retrato de Wilhelm Fabry y los dos pájaros determinan claramente este cuadro, transmitiendo la pareja de aves, acentuada mediante contornos que alcanzan un tono rojizo, sentimiento y experiencia.

Aparece una concha jacobea, y la manera soñadora y animosa de contar de Katharina Oehlert comienza a adquirir forma a partir de un repertorio de elementos que unen el simbolismo imaginario y la mística de los signos en un montaje realmente de culto, cuyos precursores a lo largo de la historia del arte van desde Max Ernst hasta Michael Buthe.

En los cuadros quinto y sexto los grandes trazos de la composición dan sensación de altura y de profundidad abismal.

La gama de grises, intensificada hasta llegar al negro, contrasta con el amarillo luminoso, el verde y el azul que decaen hacia la derecha en gris. A ello se suma que el cuadro de la izquierda, con la verde lanzadera de tejedor, semejante a un ciprés, bajo un fondo de formas abobedadas frente a las cuales reposa un místico ser de fábula coronado, recuerda, tanto por la estructura del cuadro como por su abierta serenidad sepulcral, al cuadro de Böckling: ”Isla de los muertos“. Arriba a la izquierda, una figura con forma de cuchillo negra, fracturada en su interior, amenaza con romper el idilio: es la primera gran crisis del mundo en el cuadro. La composición de segundo plano, semejante a una colina, acaba, al llegar a la derecha del sexto cuadro, en un abismo que divide todo el políptico: es la segunda guerra en este mundo, la transmisión de la experiencia fundamental de la evolución y del derrumbamiento. Este universo pictórico logra pasar de la representación mitológica a sumergirse en subconscientes mundos oníricos y con ello se vuelve subjetivo, individual y a su vez personal: es la apropiación de la historia.

Los cuadros séptimo y octavo vuelven a sorprender con espacios de color más transparentes: back to the urges, uno recuerda los dos primeros cuadros. Los tapices últimos también sorprenden con una composición totalmente liberada esta vez de formas pesadas. Uno siente un suspiro de alivio al contemplar estas escenas contenidas por el trazo ascendente del sombreado tramo de la autopista A 3. En el medio se agrupan bailarines cabezudos que asemejan sátiros, que se tomaron prestados de una ciudad hermanada, lo cual es un ejemplo de la apropiación de símbolos existentes por medio de la adaptación y la variación. Sobre los campos de hojas escritas con los deseos de los niños, situadas entre animales picudos de fábula, vuela un pájaro azul cobalto que retoma el desarrollo dinámico de la historia y señala hacia un símbolo similar a una mandala que, al igual que las figuras fabulosas de abajo, cierra la serie de cuadros a la derecha.

El mundo pictórico de Katharina Gun Oehlert no se resume en un punto de vista central. Ningún marco abarca espacios pictóricos individuales, ningún elemento de composición sintetiza ni domina todas las escenas pictóricas. En la contemplación individual, sin embargo, se encuentran siempre vínculos de unión entre campos y motivos pictóricos individuales. Fue de esta forma como la artista llegó a tejer una continuidad.

Más allá de lo formal, uno se da cuenta, en lo referente al contenido, por ejemplo, de que los documentos tejidos en la obra aparecen al mismo tiempo como estelas funerarias eternas, como lápidas rememorativas, como arcos de medio punto arquitectónico-artesanales o series pictóricas abstractas. Uno percibe también que los retratos pueden ser una representación concreta, o una imagen ideal o una esperiencia onírica, y que los contornos que rodean las escenas individuales tienen una función dramático-narrativa acerca del destino del hombre. De este modo se entremezclan los niveles de significación y queda eliminada la separación de los motivos y por tanto también la de los ámbitos de vida representados.

Esta concepción de la homogeneidad, en lugar de la idea de la disparidad de los ámbitos de la vida y de la historia, recuerda a la visión del mundo y a la espriritualidad de los pueblos indios. El contenido simbólico de los cuadros indios se nutría de nubes, de animales, de figuras dividas y ... de colores. La arena y los materiales tejidos artísticamente servían de superficie para el cuadro. Los símbolos insinuaban el sentido de los cuadros sin que éste llegara a ser nunca del todo descifrable. Un código secreto dejaba el significado de algunos elementos sin aclarar.

Y esto a su vez ocurre en el mundo pictórico de Katharina Oehlert, como en el caso de la forma de mandala, del ser de fábula coronado o de la pareja de aves. Espacios transparentes de color, en los que a menudo el segundo plano permanece en blanco, constituyéndose la luz en fondo de los motivos, así como una coloración especial ligada a las escenas son más argumentos para considerar este políptico como ”indio“.

Por otro lado, este mundo pictórico tan absolutamente peculiar que evoca la artista, en el que a partir de numerosas visiones materiales va tejiendo una fábula, elaborando al mismo tiempo, con total confianza y con verdadero amor, todo un mundo de recuerdos y sentimientos, guarda un estrecho parecido espiritual con los cuadros de Marc Chagall.

El significado especial de esta obra de arte no está sólo en la ejecución de la técnica artesanal de tejido con materiales diferentes, tampoco está únicamente en el logro mental de plasmar, en pasos lentos y rigurosos, la idea completa del boceto que antes sólo existió en su imaginación, sino también y sobre todo en la imaginería, bien lograda y plenamente propia, de los 1000 años de historia de una ciudad.

Rolf Jessewitsch, 2003

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Acerca del tapiz „1000 años de historia de Hilden – caminos a través del tiempo“
de Katharina Gun Oehlert.

La historia es el documento de acontecimientos pasados y presentes que tienen lugar en el ámbito humano y en la naturaleza. La ciencia de la historia ha desarrollado sus propios métodos, su lenguaje y sus estilos de pensamiento. Ha establecido su punto de vista en la investigación y lo ha unido al de otras ciencias para no limitarse a describir, sino para investigar la relación entre las causas, el desarrollo y las consecuencias.

La historia se convierte en interpretación cuando explica hechos y aclara significaciones. Esta interpretación está influenciada por factores culturales e intelectuales, por la voluntad de conocimiento y por objetivos. Su medio esencial de transmisión es el lenguaje.

El arte es un medio de conocimiento con una base estructural iconográfica que se descubre a través de la percepción visual. Sin embargo, no existe ninguna ciencia de las imágenes análoga a la del lenguaje, aunque desde hace siglos los seres humanos comuniquen entre sí por medio de signos e imágenes grabadas en piedra, coloreadas y diferentes en su estructura. Al contrario que la ciencia de la historia, el arte no está interesado en causas o desarrollos, y por lo tanto no tiene interés en el factor temporal.

Como objeto visual, está anclado en el espacio en el que se muestra y en la presencia intemporal, a partir de la cual ofrece un número ilimitado de interpretaciones iconográficas.

¿Cómo hizo por tanto Katharina Gun Oehlert frente a la incompatibilidad de las dos posiciones referidas en el título? Como artista era evidente que despojaría de su significado histórico los documentos sobre la historia de Hilden que encontrara y los convirtiría en motivos pictóricos autónomos, ordenándolos de acuerdo, no a un contexto científico, sino al contexto iconográfico del cuadro en relación a su sentido global.

Esta libertad pictórica para manejar documentos históricos sin descubrir su „legibilidad“ podía sólo lograrse si llegaban a ser parte de una gran parábola de la enigmática naturaleza, del „suelo“ claro y transparente sobre el que se desarrolló la historia. De tal forma que en primer lugar ideó sobre toda la superficie del cuadro un espacio de colores tierra cálidos, dividido por témpanos, fracturas y grietas, interrumpido por el azul luminoso de aguas sobre la superficie del tapiz.

A la izquierda, desde la profundidad de un tiempo desconocido, se desarrolla la superficie de la tierra a partir de una luminosidad „ausente de color“, en la cual el símbolo solar representa la vida y el comienzo. A la derecha el cuadro termina con una coloración similar de pálida luminosidad, representando el futuro como lo desconocido, lo indefinido. El gran contraste de colores, la intensificación de la luminosidad, el dramático claro-oscuro están situados en los paneles centrales del tapiz, donde el conocimiento de la historia queda representado con más claridad y riqueza.

La „piel“ tejida de este cuadro, símil del suelo, sobre el que están colocados los signos abstractos de la historia de Hilden, irradia materialidad y posee gran calidad al tacto. La técnica empleada para tejer el tapiz, que fue inventada por Katharina Gun Oehlert, hace que el tejido base adquiera una blandura y calidez epidérmica, con arrugas, pliegues y rizos que refractan la luz y arrojan sombras haciendo que los colores vibren.

Con ello, Oehlert alcanza una sensación de presencia real y material, una vitalidad y una vida interior del objeto representado en la superficie dibujada, que da pie a interpretaciones siempre nuevas. En esta superficie pueden ocurrir muchas cosas, pueden encontrarse una y otra vez huellas, y también surgir de nuevo. No es estática, más bien se amolda a los acontecimientos pictóricos del tapiz moviéndose con dinamismo de un lado a otro.

Sobre esta superficie basal e integrándose en ella, acentuándola y entrecruzandola, la artista despliega numerosas ilustraciones de esbozos, planos, registros, cartas, sellos, documentos, medallas, retratos, utensilios, piezas de maquinaria histórica etc. encontradas en el archivo de la ciudad de Hilden. Esta segunda dimension abstracta de signos y contenidos racionalmente comprensibles reduce la historia a una presencia puntual que, sin embargo, no domina el fondo de esta obra.

Una tercera dimension es la que justifica la tensión y la riqueza pictórica de este tapiz. Hay un leitmotiv visual, decisión peculiar de la artista, cuyo efecto es contrario al título y a los hechos históricos. La fuerza pujante de la composición de la obra refleja claramente que Katharina Gun Oehlert no considera que la historia abstracta sea el elemento primordial. Donde los hechos se desvanecen, queda espacio libre para la imaginación.

En los perfiles, en las sombras y en los movimientos del fondo de color se esconden tantas figuras fantásticas. En casi todos los contornos se adivinan nuevas formas. Con qué dominio representa la artista el pájaro, el pez, la concha y la luna. Qué amenazadora resulta la herradura, cuán poética la figura legendaria del joven con la cabeza de caballo coronada.

El pájaro azul que se eleva desde el horrible abismo de la historia oscura del siglo pasado y se lanza hacia el futuro es más significativo que los símbolos del desarrollo industrial y que los ornamentos de las calles modernas y de las autopistas. Y la pareja de enamorados hechizada en el campo de los deseos infantiles, bajo el símbolo de la creatividad utópica en la que se funden mitad de naturaleza y mitad de técnica, representa la fé obstinada en un futuro más humano.

Todas las figuras tienen una forma similar, son como piezas desprendidas del fondo basal que se transforman en elementos de esa otra dimensión, una dimensión emotiva, de la imaginación, de los sueños, de las asociaciones mágicas, de los recuerdos míticos y sus prototipos. Todas ellas son, dentro del contexto de los cánones temáticos y formales, más importantes y más expresivas que los motivos históricos del tapiz.

Si ponemos las tres dimensiones pictóricas des tapiz de nuevo en relación, la obra de Katharina Gun Oehlert nos revela aún más:

La primera dimensión de la poderosa presencia material de la superficie es un símil de la tierra, de la naturaleza, del fundamento de la creación, del suelo sobre el que se desarrolla la historia.

La segunda dimensión de signos abstractos y racionales representa la presencia del ser humano en el espacio y en el tiempo, que puede ser leída en las huellas que éste deja como pruebas de su pensamiento, de su trabajo, de su sentido estructurador, de su voluntad de poder y de creación.

La tercera dimensión de las grandes figuras imaginarias es símil del ámbito espiritual y psíquico de los contenidos imaginarios y sensitivos de tiempos remotos y están más cerca de los fundamentos que de la historia concreta.

Esto significa que „la milenaria ciudad de Hilden“ deviene aquí en símil de la vida en la tierra, junto con la advertencia de no negar, ni mucho menos destruir nada de lo que da lugar a su riqueza.

Y de esta forma, la artista consigue en esta obra esa presencia intempora que apunta más allá de los límites históricos „haciendo comprender algo que todavía no ha sido comprendido de esa forma.“ (según H.G. Gadamer).

Rosmarie Kesselheim, 2003

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Vista panorámica de Hilden


Canto: Revoloteo en el viento suave, en el aroma de la meditación de un sueño del pasado, enzarzardo en la existencia actual.

Danza: Hilo por hilo / color por color / a lo largo de toda la anchura / alternando su colocación por arriba y por abajo / linia a linia, como versos encabalgados.

Texto: Ninguna obra de arte está unida de manera tan elemental con el lugar de su creación como la tapicería. Está unida al día a día, relata capa por capa la prosa de la vida, poetizada y finalmente simbolizada como formación sedimentaria típica de su tiempo. En el mito crece la cultura local a partir de un tejido de tela originario, sobre el que uno descansa y que no debe ser olvidado nunca. De esta manera, el ornamento tejido en el tapiz sirve para la apropiación única y subjetiva de presentimientos conservados del pasado y lleva directamente al disfrute del arte primario que mitiga el pánico a la muerte; su colorido habla del son de la naturaleza autóctona; llora por el tiempo perdido y se deleita en un estadio de conocimiento temprano. Tejer el presente con el pasado tolerado une lo insuperado con el augurio y prolonga el tapiz histórico para añadirle heroicidad y gallardía a la mediocridad de la realidad. De esta manera, este arte llega a transformar, a partir del espíritu actual de la fertilidad, el patrimonio anticuado en el modelo de lo autóctono, en belleza y creencia del futuro, todo ello dentro del sentido maternal colectico.

Realización: Es admirable con qué facilidad Katharina Gun Oehlert desenvuelve sus ocho tapices "1000 años de historia de Hilden", con que falta de gravedad la artista cuelga elegantemente el material histórico en el ayuntamiento y realiza un acto de fuerza tan extraordinario: en cuanto a que glorifica sin caer en el historismo, documenta sin entregarse al positivismo, mitifica sin dañar la tradición, sin activar la duda mediante lo inconcebible, sin dejar caer de manera sentimental el peso del significado sobre el pasado y sin difuminar las crisis arraigadas al lugar idealizandolas.
La obra es sorprendentemente original, porque su modo de ver mueve al observador a recordar (dentro de un preconsciente de inocencia política) y porque no viola el pasado para idolatrar el presente. El cuadro de ocho piezas es hermoso. En suma, representa el panorama de una naturaleza en la que se abren mecha oficinas de servicio público. A la izquierda, de alguna manera en el origen arcaico y subterráneo, y desde allí hacia la derecha, expresado primero por animales y luego además por personas, el observador se encuentra frente a la representación progresiva de poblado historico de primera hora junto a documentos como lápidas, uno al lado del otro, de perfección virtuosa y en un tono rojo térreo. El centro de la obra (visto desde el trono entre un legajo de expedientes) explica la perspectiva central resultante de la "Loreley" de Hilden que mira hacia el Rin. Directamente a continuación, hacia la derecha, los tapices número 5 y 6, se oscurecen, sin embargo, debido a la época de transición. La edad moderna aprovecha el ambiente negativo, crea máquinas sobredimensionales para subyugar la naturaleza al desarrollo y a la visión final del mundo. Hasta la guerra sin victoria, autopistas que parecen murallas y fábricas en forma de cañones se aglomeran, mientras que al mismo tiempo, por encima, se encuentran expresadas psiques esperanzadoras que vuelan hacia el cielo.
Al fin, a la derecha, el cuadro tematiza, desde el estado de excepción del presente, el paso de la región del "Bergische Land" hacia la Renania baja. Se construyen puentes al fondo y una masa de sombras de modelos imaginados da forma al origen de la población moderna. Se trata de una red enrevesada de compromisos históricos, abandonada a la corriente de la voluntad totalitaria de una utopía abierta al mundo. Y aquí, al final de la ilustre balada, en los valles de la actualidad, y tras penas horribles, una alegre declaración de paz pasa a primer plano, en los colores cálidos de una comunidad sobre un fondo blanco de tolerancia pública, unido por las figuras de animales antropomorfas que giran en el tiempo y flotan... todo a la luz clara de pensamientos optimistas que seducen al observador.

Ovación: En tiempos de anonimización general y provinciana, el hecho de que la ciudad encargue una traducción de su historia milenaria a un gobelín de actualidad es un acto digno de elogio. A su vez, la ciudad de Hilden hizo bien en elegir a Katharina Gun Oehlert. Como artista autóctona, ella representa todo en uno: como trabajadora con estilo propio y con experiencia consiguió concentrarse durante tres años en la realización de su obra, a pesar de una consternación profunda debido a los crímenes en Kosovo, a atentados terroristas a personas civiles, a matanzas en Afganistán y a la invasión del Irak; en segundo lugar, se acreditó como última instancia moral al lograr repatriar cada uno de los testimonios que caía en sus manos con suma responsabilidad, a pesar del cambio de paradigma en el milenio, al juicio de valor global de las normas de la conciencia local; en tercer lugar, resultó ser una artista extraordinaria, cuya riqueza de ideas y fuerza creacional hechizó cada uno de los espacios en los que dejara desarrollar su expresividad. Es un caso fortuito para la ciudad. Pronto vendrán los primeros comerciantes especializados en tapices, como peregrinos, para ver el original del panorama de Hilden, y poco después, turistas interesados en cultura se desviarán hacia Hilden en su viaje entre "Schmalenbach" y "Ludwigsammlung", para ver con sus propios ojos estos tapices de papel fastuosos, y a continuación, lógicamente, será el público privado, no interesado en el sector de consumo, el que centrará su atención en el hechizo de este trabajo excepcional titulado "1000 años de historia de Hilden" y asaltará el ayuntamiento. ¡Qué sueño, éste!

Robert Bosshard, 2003

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