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             Colmar Schulte-Goltz

Historial

Pie de imprenta

 

Sobre Katharina Gun Oehlert

Visto de manera idealizada, la artista, dentro de la época a la que pertenece, refleja la actualidad.
Se vale de los logros de la cultura en la que vive, toma parte de los acontecimientos sociales y los concretiza en su persona. Esta poetización da lugar a la sensibilidad de la artista, a algo así como inocencia frente a los temas que le interesan.

La parte creativa de la artista es su vitalidad, su mundo interior, su contacto personal con la realidad. Si uno logra describir esta parte de su trabajo artístico, logra, a su vez, entender hasta cierto punto cuáles son el carácter y la intención de sus obra.
Este aspecto personal de la creatividad deja entrever la calidad afectiva de las obras expuestas, muestra, por decirlo de alguna manera, el alma que lleva dentro.
Ésto avalora la expresividad de la artista.

Katharina Gun Oehlert es la bailarina entre los artistas.
La determinación rítmica y la voluntad de producir una forma cerrada, pero también su disposición a la autorenuncia radical definen en gran parte sus obras. Son puestas en escena, poemas.

La coreografía subtil de las obras artísticas de Oehlert equivale a la dramaturgia del baile, traspasada al objeto enmudecido.
La obra representa el movimiento del silencio – exalta la forma repetitiva, como ritmo y respiración, y ritualiza el significado hacia su autonomía.
El material de trabajo queda difuminado bajo la mano de la experiencia única, de manera que queda conservado y cultivado.
Su manera de poner en escena los objetos irradia un respeto profundo.

K.G. Oehlert tiene un acceso dramático a la psicología de sus semejantes, pero la transforma en un gesto artístico, de manera que logra respetar el alma en constante lucha con sigo misma, en vez de seccionarla.
Sus objetos transmiten un gran interés por el grito mudo.

La compenetración de K.G. Oehlert con la dimensión ritual del arte es extraodinaria.
De esta manera, hace referencia a una dimensión de chamán del arte contemporáneo: al papel psicótico del individuo que está empapado de cultura.
Se trata de una experiencia con el teatro como vínculo del objeto cultural en acción de culto.
Se trata de un conocimiento del sujeto como núcleo de la expresión cultural.

Esta artista no es alguien que conoce de entrada el camino, sino que improvisa como el corredor de fondo que se hace a todo momento nuevas preguntas, que va en busqueda del sentido, trabajo primario casi como oración.

Del intercambio muy personal del arrebato creativo propio con la disciplina artística artesanal y académica resulta lo que en última instancia se denomina estilo, la circunstancia cultural de la personalidad artística.
Esto da lugar al trabajo artesanal casi monstruoso de su tapiz y a la autorestricción de una obra autóctona, que existe por sí sola, como si fuera la última.

Robert Bosshard, 1996

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Imágenes del hombre

Los vaciados en yeso de cuerpos humanos causan una impresión naturalista, son individuales, incluso francamente personales. Sólo la limitación al vaciado parcial del cuerpo, el modo de expresión pictórica, al igual que la disposición de las partes hacen que los objetos resultantes dejen de parecer pura imitacion de la naturaleza. Las obras así creadas tienen un carácter propio, transmiten un mensaje propio. Esto da lugar a que puedan subsistir como obras de arte autónomas. Debido al carácter fragmentario de cada uno de los vaciados en yeso, el observador puede interpretar libremente la obra en su conjunto. Al mismo tiempo, este recurso de fragmentarismo ininterrumpido deja entrever la vulnerabilidad o el sufrimiento de pérdida. Por lo tanto, las obras logran evocar, en un segundo plano asociativo, emociones sobre el conocimiento de estados de ánimo.

En las instalaciones „Fermata“ (1995-1999) y „En armonía“ (2000), la colocación de las figuras de manera que flotan en el aire simboliza no sólo decaimiento y peso, sino a su vez ascenso y equilibrio. La artista transmite esta impresión también en sus cuadros de gran formato y en sus tapices de papel. La capa de pintura acrílica es extremadamente fina, ningún dibujo interior estorba a la capa de color a modo de barníz, que bosqueja sombreados que el observador puede a su vez interpretar como plasticidad.
Ningún bosquejo concretiza la forma, de tal manera que la interpretación siempre queda incompleta. Aquí, las figuras tambíen parecen flotar en el espacio del cuadro. Aparecen frágiles, son imágenes que están relacionadas con los cuerpos flotantes. Al igual que las esculturas de Hans (Jean) Arps, son como una invención de moldes naturales. Debido a este parentesco substancial con la realidad uno se siente atraido por estos seres artificiales, lo cual los hace a su vez perceptibles.

Las siluetas sombreadas son en realidad descripciones muy generales, son un simple boceto. En ambos casos, el observador tiene que completar mentalmente la impresión que generan, al igual que en los cuadros de Norbert Fresch, el cual bosqueja sobre el barníz de resina de damar un rastro claro que hace alusión a una curva, lo que el observador interpreta como un cuenco metálico sobre fondo negro. Aquí se manifiesta el parentesco con los trabajos de vaciados en yeso. A través de técnicas diferentes, la artista transmite siempre su mismo mensaje central.

En sus tapices, Katharina Gun Oehlert pretraza estas siluetas, para luego cortarlas en tiras y volver a componerlas tejiendolas en una urdimbre de seda negra. De tal manera, las siluetas bosquejadas suavemente pasan a ser un elemento de la continuidad del tejido. Renuncian a su autonomía para quedar englobadas en el obra, y se convierten en un detalle de un paisaje pictórico narrativo.

El tapiz de Katharina Gun Oehlert „1000 años de historia de Hilden – caminos a través del tiempo“ (1999-2003) es un ejemplo de ello y al igual que el punto culminante de este tipo de creaciones artísticas. Invenciones pictóricas motivadas a partir de testimonios históricos se suman a figuras inventadas libremente, en parte naturalistas, en parte de sugerencia surreal, dando lugar a un cuadro histórico de tipo novedoso.

Katharina Gun Oehlert inventa símbolos. De esta manera, crea todo un repertorio de personajes pictóricos con los que vuelve a jugar y a contar una y otra vez, como en un lenguaje de imágenes.

Desde sus obras primeras („Violonchelo de Jaqueline du Pré“ de 1984 o „Niñez helada“ de 1994) hasta la susodicha representación de la historia de una ciudad se puede observar un desarrollo que – en los cuadros „La diosa del sol“, „el coloquio“ y „Querube“ – vuelve a sus origenes y los interpreta de nuevo.

Todos los temas nombrados ilustran al ser humano y su estado anímico, sus preocupaciones y sueños son siempre centrales en los cuadros de Katharina Gun Oehlert. Este es el núcleo de sus ideas artísticas. Partiendo de ahí toma como ideal a Oskar Kokoschka. Para él, el modelo en una pose cualquiera no era el ser humano, la mujer cuya belleza había de dibujar. En esto seguía el estilo de Edvard Munch, quien escribió en 1889 en su diario: „No deberíamos pintar ni más interiores, ni más personas leyendo, ni más mujeres tejiendo. Deberíamos pintar personas vivas, que respiran y sienten y sufren y aman. – Yo voy a pintar una serie de cuadros así. Las personas entenderán que en allos hay algo sagrado, y se quitarán el sombreso cuando los presencien, como lo hacen en la iglesia.“

Rolf Jessewitsch, 2005

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